Sunday, September 2, 2012

GoreVidalCityPillar

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City and Pillar by Gore Vidal

Otto Schilling era la media parte Austriaco y la otra Polaco. Era rubio, su cara como ladrillos rojos, muy texturizado por el sol. Era instructor de tenis en el Hotel Jardín en Beverly Hills.

“Eras un marinero, verdad?” Era prominente su acento, aunque vivía ya la mitad de su vida en los Estados Unidos.

“Si, señor.” Jim fue nervioso. Necesito este trabajo.
“Cuando saliste del barco?”
“El diciembre pasado.”

Otto pareció pensativo, mirando por la ventana su reino, ocho pistas de tierra batida, contiguo con la piscina.

“Seis meses tienes a ca en LA?”
“Si, señor.”
“Trabajabas en que?”
“Trabajaba en un garaje.”
“Pero juegas el tenis, no?”
“Si señor. Jugaba mientras era un estudiante.”
“Cuantos años tienes?”
“Diez y nueve.”
“Sabes tanto para ayudar? Sabes preparar las pistas, recoger las pelotas, preparar raquetas?”
“Si, señor. Hable con el muchacho quien trabajaba aquí antes y yo sé hacer todo que me ha descrito.”

Schilling asiento con su cabeza. “Te contrato como empleado temporario. Eso muchacho fue perezoso. Debes ser mejor. Ganas veinte-cinco cada semana y trabajas mucho. Si juegas bien me ayudes dar lecciones. Tal vez yo te permita enseñar. Juegas bien?” Sus ojos azules se enfocaron en Jim.

“Jugaba bien, si” dijo Jim con intento de parecer modesto y informativo.

Otto Schilling asiento con la cabeza. No compartía la pasión americano por modestia. Cuando era campeón de Austria, gente le consideraban engreído. Pero porque no? Era un jugador excelente.

“Vivirás en el hotel,” dijo. “Vaya a Señor Kirkland, el dueño. Le llamare prontito. Empezaras en la mañana a las siete y media. Te diré que hacer. Tal vez jugaremos para descubrir que conoces. Ándale.”

Jim dijo “gracias” y salió de la casa de tenis. A la derecha estuvo una gran piscina con una playa importada formando a su perímetro. Sentaban abajo de la sombrilla hombres y mujeres con la aparición de prosperidad. Jim pienso que tal vez fueran gente famosa, mientras un fotógrafo pareciendo muy siniestro tiro a algunas chicas jóvenes. Parecían todos iguales, con dientes blancos, pelo aclarado y cuerpos flacos y colorados por el sol. No reconocí a nadie.

Subió la escalera al hotel Jardín, un gran edificio de estuco ubicado en medio de palmas. Después de seis meses de dormitorios incómodos, estuvo feliz de la idea de vivir aquí. Era acostumbrado a ser transigente. Entendía como fuera facto absoluto que viajara hasta que encuentre a Bob. Decidirían a un modo de vivir, aunque precisamente no sabía exactamente como seria. Mientras trabajaba como podía, y vivía feliz en el tiempo corriente. Menos el imagen radiante de Bob al lado del rio, no tenia historia.
La oficina de señor Kirkland era grande y moderna, y parecía más cara que fuera de verdad. Era un hombre corto, simulo un acento británica y su ropa y manera fueron suaves y magnificas, menos un diamante grande en su mano izquierdo, una advertencia obvia de una fortuna rápidamente acumulada, y una afluencia que no era familiar.

“Willard?”
“Si, señor. Don Schilling me envió a consultarle.”
“Entiendo que vas a ser su asistente.”

Don Kirkland pronuncio al título como fuera un gran tributo. Entonces ganaras 25 dólares cada semana. Está bien para un joven, pero creo que trabajes a justificarlo como puedes.” Jim reconoció a un anuncio formulado antes.

“A ca nos gusta pensar en nosotros como una familia en que cada uno se hace a su responsabilidad, yo incluido.”

Presento sonríe estrecho. Mañana vas a empezar. Supongo que diste tus referencias a Señor Schilling. Pida una camarera mostrarte un cuarto.” Kirkland termino con formalidades genéricos y Jim salió.

La plaza del hotel fue grande con columnas geométricas que pretendieron apoyar al techo.
Era vested el pesos en room Real. Tras una mesa de madera contrapechada, pintada como una simulación de caoba, dependientes en uniformes de estilo alto recibieron a huéspedes en una simulación de hospitalidad. Ayudantes relajaron en un banco, esperando a llevar equipage. Típicamente había conmoción dentro la plaza, como siempre había alguien llegando o saliendo. Jim admiro a la magnificencia y la actitud casual de los ayudantes. Tal vez un día Jim sea tan aburrido como ellos.

Cruzo la plaza, consciente de su mochila fea. Pregunto a un ayudante como llegar en los dormitorios de los empleados. El joven le vio con aburrimiento despacio.

“Te lo mostrare.” Pasaron de la plaza por el jardín tropical de que tomo el hotel su nombre. Impresionado por los colores, Jim consigo a su guilla a dentro la jungla.

“En que trabajas?”

Jim le dijo.

“Un chico del aire libre! De dónde vienes?” Jim decidió ser impresionante.

“Ninguna parte. Iba en barco.”

Fue respetuoso el joven, pero inquisitivo. “En barco donde?”

Jim respondió sin mostrar interés “El Caribe, Pacifico, Bering, todo. He pasado mucho.”
“Así veo. Y que haces a ca?”
“Pasando mis días. Que mas?”

Dio a Jim la llave de un cuarto chico. Recibió del aparcamiento. Era amable la administradora y fue completo todo. De nuevo tuvo un lugar en el mundo de gente.

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